España, a diferencia de otros vecinos europeos, es un país en el que históricamente la compra de vivienda ha sido la opción predominante frente al alquiler. La idea de acumular un patrimonio para poder dejarlo en herencia ha sido una máxima que han seguido muchas familias españolas. No fue hasta la grave crisis económica que se inició en 2008 que una parte importante de la población -en la mayoría de los casos por necesidad, no por preferencia- optaron por el alquiler frente a la compra.

Esta tendencia a acumular bienes raíces provoca que sea relativamente habitual que los hijos reciban de sus padres bienes inmuebles en herencia. Cuando los progenitores legan únicamente una vivienda a su descendencia -en la que ellos mismos residían-, el inmueble puede cambiar de propiedad sin mayores dificultades. Sin embargo, ¿Qué sucede si el inmueble que se recibe en herencia está arrendado y dispone de uno o más inquilinos?

Recibir en herencia un inmueble con inquilino

Si recibes una vivienda en herencia y el inmueble ya dispone de un inquilino, en principio deberás respetar el contrato del alquiler vigente hasta la fecha que se haya acordado. Llegados a este punto, tú te convertirás en el casero del inmueble y pasarás a cobrar las rentas mes a mes. No obstante, hay excepciones que te pueden permitir extinguir el contrato del alquiler.

Motivos para rescindir el alquiler de un inmueble con inquilino

El principal motivo que permite extinguir el contrato del alquiler en estos casos es que el nuevo propietario lo necesite para su uso personal, el de su cónyugue o un familiar cercano. En ese caso, y siempre que ya haya transcurrido al menos un año desde la celebración del contrato del alquiler, el propietario puede reclamar el piso con una antelación de 2 meses a la fecha que lo vaya a necesitar. A partir de ese momento, el propietario o sus familiares disponen de tres meses para ocupar la vivienda y, en caso de no hacerlo, el antiguo inquilino podrá reclamar volver a ocupar el piso o exigir una indemnización.

Consecuencias para el inquilinos

Si el arrendador fallecido era el pleno propietario del inmueble, el inquilino podrá permanecer en la vivienda como mínimo hasta que finalice el contrato, a no ser que se produzca alguna de las circunstancias vistas anteriormente. Sin embargo, la situación puede ser menos favorable para el arrendatario si el difunto tan solo disponía del usufructo y el pleno propietario fuera una tercera persona. En estos casos, el pleno propietario tendrá derecho a extinguir el contrato en el momento de la defunción del usufructuario, aunque deberá comunicárselo efectivamente al arrendador. De lo contrario, se sobreentiende que su intención es mantener el alquiler.

¿Y si no hay ningún heredero?

Si el propietario muriera sin designar ningún heredero, el inmueble pasaría a manos del Estado. En caso de que la vivienda estuviera arrendada, sería el Estado el que pasaría a ser el nuevo ‘arrendador’, a través de la Dirección General de Patrimonio del Estado, o la Administración autonómca, a través del organismo autonómico correspondiente.

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