Cuando un propietario de una vivienda decide sacarla al mercado de alquiler lo hace buscando obtener una cierta rentabilidad. La inmobiliaria es una de las inversiones más populares y puede reportar grandes beneficios. Actualmente el mercado del alquiler en España está en alza, especialmente en las principales ciudades como Barcelona y Madrid, por lo que para los propietarios con inmuebles puede ser tentador convertirse en arrendadores. No obstante, igual que cualquier otra inversión, no está exenta de riesgos tal y como vimos durante el periodo de crisis económica que se inició en 2008 y se cebó especialmente con el sector inmobiliario. Uno de los primeros pasos para decidir si nos interesa alquilar nuestra propiedad es calcular la rentabilidad neta del alquiler y la rentabilidad bruta que podemos obtener. Te recomendamos seguir los siguientes pasos para hacerlo.

¿Qué se considera una buena rentabilidad?

Una “buena rentabilidad” es un concepto muy subjetivo y siempre dependerá del perfil del inversor. Si atendemos a los datos publicados recientemente por algunos de los principales portales inmobiliarios, la rentabilidad de los alquiler se situó muy cerca del 6% durante el segundo trimestre de 2019 . Esto, en principio, indicaría que cualquier rentabilidad por encima de esta cifra puede considerarse rentable. No obstante, los precios del alquiler -y las rentabilidades- varían mucho dependiendo de la región y ciudad de España en la que nos encontremos.

¿Qué es la rentabilidad neta del alquiler?

La rentabilidad bruta se calcula teniendo en cuenta el precio al que se adquirió el inmueble y las rentas anuales que se perciben por él. De esta forma, si hemos comprado la vivienda por 100.000 euros y percibimos unas rentas mensuales de 700 euros (8.400 al año) la rentabilidad bruta se sitúa en el 8,4%.

No obstante, si queremos conocer la rentabilidad neta del alquiler que percibimos por el arrendamiento de nuestro inmueble tenemos que tener en cuenta muchos más factores. Para realizar este cálculo se deben tener en cuenta todos los gastos asociados al mantenimiento del inmueble y a las responsabilidades fiscales. Algunos de los costes más habituales son la comunidad de vecinos, el IBI, honorarios de gestión en caso de que contemos con un profesional encargado de administrar el alquiler, seguros y desocupación de la vivienda en el supuesto de que el piso se pase algunos meses sin alquilar. Una vez contabilizados todos los gastos adicionales debemos restar este importe de las rentas anuales. Por lo tanto, utilizando el ejemplo anterior, si los gastos de mantenimiento y los tributos suponen 3.000 euros al año y las rentas equivalen 8.400 euros al año la rentabilidad neta anual sería del 5,4%.